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Y tenía que volver a escribir ::::::

Y tenía que volver a escribir ::::::

Texto: chiq 

Y tenía que volver a escribir. Y de qué manera. Habrán pasado dos, tres, cuatro o quizás hasta cinco meses desde la última vez que decidí dejar de ver al mundo para verme a mí.

Hoy —tal vez más que nunca— me siento confundido, trastornado, preocupado: incierto. No entiendo ya las cosas. No sé si las cosas me entienden a mí. No comprendo qué pasa o por qué...

Me encontré frente al amor. Esta vez ha sido real. Por fin he sentido ganas de escupir, de hacer el amor, de dormir, de golpear, de gritar... todo a la misma persona. ¿No es grandioso? Al fin estoy amando. Lo más curioso es que me siento amado también. Es difícil encontrarse frente a tantos sentimientos tan diferentes en una sola situación. Nunca creí que debiera ser así. Pero así es y, aunque parezca irónico, me gusta.

 

Soy repugnante. Soy verdaderamente difícil. Soy tantas cosas dentro de una sola persona. Puedo entrar en el cuarto, saltar sobre el cuerpo semidesnudo de una mujer del doble de mi tamaño, apretarla por la cintura con un brazo, mientras deslizo el otro firmemente debajo de la pijama holgada, acariciando su piel: su vientre velludo, su ombligo profundo, la piel sobre las costillas, sus senos pequeños y las clavículas. Y luego, justo cuando el pezón ha despertado, su mano me detiene y su cuerpo se echa para atrás. Entonces desisto. Coloco la boca frente a la suya y hago que se toquen. Tiempo después del contacto, lejos de su rostro, realizo el sonido. El sonido que debió de acompañar al beso. Se lo doy al aire. “¡Quédate con tu maldito cuerpo!”, pienso. Y entonces quito tres kilos de cosas que llevo sobre mí, colocándolas encima del buró —que es mío pero es el de ella— y me aplasto sobre la cama, junto a la enorme mujer que despreció mis caricias. Una caricia,... y otra. Con la espalda recargada sobre la pared, cruzo mis piernas y le jalo el cabello de manera delicada. Hago que voltee su cara hacia mí, le veo los ojos y froto su cara. Entonces toda la piel de durazno se ve tallada por mi mano. Y la nariz, y los párpados, y le jalo el mentón, y acaricio las cejas en sentido contrario al que crecen los vellos, y la frente... Y le dejo el cabello en paz, y ella sigue viendo la televisión, y toma el control remoto y cambia de canal. Zapping, le dicen. Y el zapping continúa hasta que en el televisor aparece la gente golpeándose e insultándose. Y los dos reímos. El personaje de la pantalla se levanta de su silla sólo para ir frente a su esposa a golpearla porque ella se ha burlado del pene tan pequeño que el ridiculizado hombre dice tener.

 

 

“¿Qué quieres comer?”, preguntan las piernas cruzadas. “¿Qué quieres comer tú?”, responde el pezón dormilón. Y de nuevo las piernas cruzadas: “No sé, lo que tú quieras”. Y la batalla de “qué quieres comer” comienza. Nunca dura más de veinte minutos. Juntos se decidirán por cualquiera de las opciones: pizza, tacos, sushi, baguettes o comida china. Pronto, eligen hablarle a los chinos. Él ya tiene los pies descalzos. Los pies buscan las chanclas azules de ella. Guiándose sólo por lo que sienten los dedos, cada pie encuentra su respectiva chancla. Se meten dentro de ellas. “Cómo quisiera hacer eso yo en ti”, me digo. Los pasos chancleados sobre el viejo piso de madera suenan junto con el grito de “!duro!, ¡duro!, ¡duro!” que el público del programa de televisión hace. El hombre sale del cuarto de tantas batallas, mirándose los pies, riéndose de encontrarlos nadando dentro de las chanclas. Una mujer del doble de su tamaño debía tener los pies del doble de su tamaño, también. Pero se las arregla echando los pies hasta delante de las chanclas y agarrándolas con los dedos de los pies en cada paso. De esa manera es como llega a la cocina, buscando algo. La alta mujer ve atenta la televisión y al mismo tiempo, con la mano izquierda, se rasca la parte interior del muslo y el pubis. Los pies dentro de las chanclas encuentran lo que buscaban en la cocina. Regresan al cuarto. Las manos del mismo cuerpo de los pies con chanclas toman el teléfono. El hombre marca el número que se encuentra en el bote que ha ido a tomar de la cocina. El pedido está hecho: media orden de chop suey con pollo, una orden de arroz frito con camarones y dos órdenes de rollos primavera. Los pies vuelven a hacer el recorrido hacia la cocina para dejar el bote. Y regresan al cuarto. Las chanclas caen al piso y el hombre cae en la cama. Es entonces cuando el dedo medio de él se hunde en el ombligo de ella. No sé de qué forma, pero logra que se haga vacío dentro del ombligo, y después retira el dedo velozmente. El movimiento va siempre acompañado de un leve sonido. A veces pienso que ese sonido se parece al sonido que hace una botella de vino cuando se le quita el corcho. A veces hasta botella de champagne llega a parecer. Y el juego de meter y sacar el dedo sólo para escuchar ese delicado sonido se repite. Y se repite. Y se repite. Y termina cuando comienzan los comerciales y ella puede prestarle atención e intenta hacerle a él lo mismo. “El tuyo no suena”, dice.  Y entonces continúo yo. Y sigo con el jueguito, alternando de panelista en panelista con el otro jueguito de tallarle la cara. Y mientras, la cabeza dueña de los pies descalzos, de la espalda y del cuerpo diminuto piensa: “Madres, ¿qué voy a hacer? ¿Le compro un anillo, nos vamos de viaje, me espero a su cumpleaños? ¿Podrá quedarse ese día completo conmigo? Pero tiene que ser todo el día y toda la noche. Sí, pero si nos vamos de viaje van a ser muchos días. Mmmm, pero entonces no voy a tener dinero para comprarle algo allá. Pinches chinos como se tardan, ya tengo hambre. Pero para qué pienso, si seguro en medio de todo el asunto me va a volver a quitar la mano. Amor, estás hermosa. Te ves tan divina cuando te acabas de despertar... Y me encanta cuando a veces me recibes en la puerta y te acabas de lavar los dientes sólo para besarme. ¿Por qué no te gusta? ¿No sientes rico? Ay, bebé...”.

 

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3 comentarios

Angel R. -

Ok.
ya te he contestado en tu mail.

Patricia Sánchez Mundo -

Me gustaría pudieran ayudarme con bibliografía respecto de las páginas web y su negociación, beneficios de una empresa en tenerlas, ausntos legales, etc.
Gracias

Patricia Sánchez -

Me gustaría saber si pueden ayudarme, me interesa información, bibliografía acerca del manejo de las páginas web en cuanto a negociación, el beneficio de una empresa en tenerlas, y asuntos legales al publicarlas.
Ojala puedan ayudarme, gracias.
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