Se muestran los artículos pertenecientes al tema Puntoycome.
23/05/2006
 Texto: Chiq Regresé al lugar mágico. Un año después me volví a encontrar ahí, narcotizado y solo. Me recibió triste, nublado y lluvioso. Él también sabía que la bella no estaba con nosotros. Volví para cumplir nuestra promesa y para llenarme de su aire callejero y puro. Ahí estaba yo, ahora un año más viejo, observando a los artistas y sus obras, sus cuadros, sus actuaciones, sus esculturas, sus espectáculos, su alegría. Durante el viaje, mantuve la esperanza de encontrar su cabello entre la gente, entre los cientos de personas que visitamos los jardines y las calles, entre sus sonrisas y aplausos, entre la melancolía de la música. Visiblemente cansado, recorrí el camino que va desde el mercado hasta el teatro, deteniéndome a veces en la fuente o recorriendo el jardín. Lo habré hecho cincuenta y cuatro veces la tarde del viernes y otras tantas el sábado, siempre con ilusión y sabiendo que una de las cualidades que admiro de la bella es su don para aparecerse cuando uno menos lo espera, así que continué buscándola. Encontré rizos parecidos a los suyos, pero nunca unos con la espiral perfecta que los de ella formaban alrededor de mis dedos. La primera noche fue la más difícil, tal vez. Dolido por no haberla visto durante las catorce horas que duró mi recorrido por las calles, deposité mi cuerpo en la silla de un bar, tomé varias cervezas y comencé a fantasear. Fumé unos cigarrillos y al terminar la penúltima cerveza, encendí el puro. Contrariado por aquella promesa rota, el lugar mágico me cobijó con la noche más hermosa que pudo haberme entregado: fría, estrellada e inmensa. Así decidí terminar el día. Fatigado y triste, me tumbé en la cama para soñar con ella.
Desperté con el ladrido de los ... (sigue leyendo) Texto : Chiq Música suave. Aroma sutil. Luz tenue. Hambre voraz. Letras ansiosas por ser leídas. Labios deseosos de ser besados. Piel suave y blanca. Los nervios la humedecen y el viento frío la seca. Huele a calles empedradas, a noche y a espera. Las calles se cubren por una sombra callada, con lucecitas de árbol a lo lejos. Muy a lo lejos. La terminal de autobuses resulta desierta comparada con la plaza central. Las palomas han regresado a los enormes árboles y a las altas torres de la iglesia y del teatro. Un espejo espera sentado en una banca. Los restaurantes siguen llenos, la música es diversa, pero su sonido es inconfundible. Suenan como un enjambre las latas de cerveza al abrirse. Se cuentan historias exageradas, de conquistas irreales y de momentos que nunca lo fueron. Los callejones se vuelven más estrechos conforme avanza la noche. La gente camina sin rumbo y sin destino. La sierra los rodea y ni cuenta se dan. Un río de agua sucia corre junto a la banqueta, a lo largo de la calle principal. Los pequeños hoteles se visten de luces e intimidad. El pueblo parece surgir y se prepara para otro día más. El mercado abre sus puertas a los comerciantes que comienzan a llenarlo. Los perdidos se encuentran y los gritos se esconden. Las minas conservan aún sus riquezas y la tierra lo agradece. El sol está por salir. Las nubes se alejan y el frío con ellas.
Sigo en la terminal de autobuses, aguardando tu llegada para vivir junto a ti un día y una noche en este lugar, que lleva siglos esperándonos.
13/03/2006
 Texto: by chiq Las luces calladas, las calles vacías, el frío, la noche. Salí del hotel un poco tarde, envuelto en varias chamarras, con guantes y un gorro para el frío. Mi calle era la 55, casi esquina con Broadway. Me despedí del recepcionista. Afuera del hotel había algunos andamios: estaban arreglando la fachada de los edificios contiguos. No le tomé importancia y caminé en el frío. De vez en cuando metía mis manos en los bolsillos. Otras veces las sacaba para cubrirme la cara con la chamarra. Las ráfagas de aire congelado se repetían muy seguido. Pisé todos los charcos que encontré a mi paso. Cuatro ideas me vinieron a la mente. Las dejé en paz. Los altos edificios casi no me dejaban ver el cielo. Pero no necesitaba verlo, estaba seguro de que seguía sobre mí. En las calles, las alcantarillas echaban vapor, los taxis corrían y cobraban caro. Había poca gente caminando a esa hora de la noche. Llegué a la calle 57. Crucé la acera para ir a la tiendita de enfrente. Las flores todavía lucían frescas. Había muchas, muchas, más de las que estaba acostumbrado a ver. Entré a la tienda, compré una Coca y unos Camel. Al salir, encendí un cigarro —tuve que quitarme uno de los guantes— y caminé hacia Times Square. Me quedé viendo por un momento todos los anuncios, los automóviles y la poca gente, los perdidos que habían salido del teatro y aún no decidían a dónde ir. Por un momento me imaginé como ellos: perdido. No lo estaba. Estaba en Nueva York. Llegué a la esquina de la calle 58. La 58 y Broadway. En el semáforo se detuvo una camioneta verde. Iba llena de sirenas. Conté siete. Traían las ventanillas abajo, y al verme todas soltaron una gran carc ... (sigue leyendo)
01/03/2006
 Texto: Chiq Era lunes. Mi reloj marcaba pasadas las 12. Yo estaba en la universidad. A pesar de que no tengo clases los lunes, había ido para ayudarle a una amigo a hacer un proyecto de multimedios: una animación. Llevaba poco más de una hora frente a la computadora editando las imágenes y acomodándolas de tal manera que se vieran bien en la animación. Cansado, salí de aquel salón para fumarme un cigarro, mientras mi amigo hacía la selección de música que acompañaría a la mentada animación. Afuera, en el frío, con el cigarro ya encendido, una llamada entró a mi celular. Era ella. Lo supe por su acento distintivo. Sabía que era ella.
—“¡Flaca! ¿Cómo estás?”
—“Bien gracias, ¿y vos?, ¿querés verme?” Desde el sábado anterior habíamos quedado en salir a comer, en vernos por última ocasión antes de que ella regresara a Argentina. Eran las 12:30.
—“Claro que quiero verte. ¿Y tú?” —“Mira, tené que ser ahora. Pasás por mí?” —“¿Ahorita?” —“S&ia ... (sigue leyendo)
24/01/2006
 Texto: chiq Cómo quisiera pintarte. Recordarte. Amarte. Tenerte. Mirarte a los ojos sin decir una sola palabra, diciéndolo todo sólo con la mirada. Y pintarte, recordarte, amarte y tenerte. Y después de todo aquello, utilizar tu piel como mi cuaderno, y escribir sobre ti. Inventar historias y narrártelas mientras las escribo, y pintarte, recordarte, amarte y tenerte. Y disfrutar el tiempo que pasemos juntos. Mucho, poco, no importa cuánto. Sólo disfrutarlo, porque eso —créeme— es lo más lindo que puede haber: tenerte, amarte, pintarte para, así, luego recordarte. ¿Cuántos recuerdos me regalarás? ¿Cuántas palabras harás que invente? Las quiero todas, incluso aquellas que ni siquiera han pasado por mi mente. Incluso esas, las que no se dicen, las que se piensan, las que se sienten, las que se desean... Todas y las demás, esas son las que quiero para ti. Déjame ser la pluma. Deja que tu cuerpo se convierta en mi libro de apuntes. Atestigüemos el surgimiento de un nuevo cuento, del que tú y yo formemos parte importante. Yo continuaré escribiendo, para hacerlo entretenido, y no llegar nunca al final. Sólo seguir escribiendo, y mientras lo hago, continuar construyendo una vida a tu lado. Déjame ser el aire, la tierra y el agua. Quiero escapar de tu boca cada vez que suspiras, tocar tus pies mientras caminas y empaparte toda, completa. Déjame hacerlo sólo una vez. Deja que mi sueño se convierta en una realidad distinta, distinta del sueño, en una realidad en la que pueda tocarte, olerte y sentirte. He soñado tanto. En todos mis sueños apareces tú. Tú, que todo lo ocupas, todo lo ocupas tú. ... (sigue leyendo)
16/01/2006
 Texto: chiq Y tenía que volver a escribir. Y de qué manera. Habrán pasado dos, tres, cuatro o quizás hasta cinco meses desde la última vez que decidí dejar de ver al mundo para verme a mí.
Hoy —tal vez más que nunca— me siento confundido, trastornado, preocupado: incierto. No entiendo ya las cosas. No sé si las cosas me entienden a mí. No comprendo qué pasa o por qué...
Me encontré frente al amor. Esta vez ha sido real. Por fin he sentido ganas de escupir, de hacer el amor, de dormir, de golpear, de gritar... todo a la misma persona. ¿No es grandioso? Al fin estoy amando. Lo más curioso es que me siento amado también. Es difícil encontrarse frente a tantos sentimientos tan diferentes en una sola situación. Nunca creí que debiera ser así. Pero así es y, aunque parezca irónico, me gusta. ... (sigue leyendo)
05/01/2006
 Despacio, niños jugando. Pienso en lo que te diré mañana. ¿Qué te diré? ¿Qué haré? No lo sé, por eso es que lo estoy pensando. La luna brilla mucho, y me pregunto porqué está tan luminosa si los focos apuntan hacia mí y no hacia ella. ¿Qué es lo que tiene que la hace ser tan especial? Tampoco lo sé. Sólo espero que no se vuelva una costumbre viajar y tocarla, y estar en ella unos días y pasar las noches allá con ella. Porque eso especial que tiene se perderá cuando sea normal viajar a la luna. ¡Bah!, sólo estupideces. Mi cigarro está a la mitad, consumiéndose un poco más rápido debido al aire helado que sopla en esta noche solitaria de diciembre.
Hasta ahorita no he visto ninguno. Hubiera sido bueno que pusieran el letrero diez o quince años atrás. Entonces habría servido de algo. Ahora somos pocos los que volvemos al jardín, no a jugar, sino a pensar y a recordar.
Todavía no termino de leer el libro. Decidí que era mejor escribir. El año termina, y espero al próximo, para empezar desde el primer día a ser otro. Cambiaré todo, intentando ser igual. Cumpliré las promesas. Soñaré más. Trabajaré y estudiaré más, también. Trataré de no enamorarme pero, ¿valdrá la pena desperdiciar amores casuales? Creo que otra noche me lo tendrá que contestar. Ya debo dormir. El café está enfriándose. “La gloria eres tú” va a la mitad y mi cobertor eléctrico debe estar caliente ya. Hasta mañana sueños, hasta mañana vida, hasta mañana amor. Buenas noches. Vete con cuidado, despacio, habemos ni&ntild... (sigue leyendo)
29/12/2005
 Textos: chiq He escuchado muchas historias acerca de la relación que tienen el cielo, la luna y el mar. Ayer vi al cielo sobre ella, seduciéndola y cuidándola. Ella ama a los dos, pero hay noches en que es secuestrada por el cielo. Esas noches de luna nueva, el cielo la devora y se alimenta de su cuerpo, viviendo sus fantasías más alocadas. El mar no es celoso. Él tiene a las olas que, aunque constantes, están a merced de la luna y el viento. Es cuando la luna se acerca hasta casi tocarlo que éstas se excitan más, aumentan su tamaño, cambian de color y duplican su fuerza. Parece que se enfurecen de que la luna baje tanto para hablar con su amor. Se vuelven a calmar cuando, en esas noches en que la luna se escapa, se dan cuenta de que se encuentra lejos, y su amado descansa tranquilo entre ellas. Las olas lo tocan y lo acarician, lo avientan y lo golpean. Algunas son frías, otras más candentes, sólo depende de su estado de ánimo. Ayer los vi. Hoy no puedo imaginármelos. Sé que estarán allá, viviendo su amor, revolcándose y deseándose cada noche más y más, y más, más... Les aprendí algo: ¡les vale madres todo lo demás! ... (sigue leyendo)
|
|
|
|

DWMX
Diseño Web México
Archivos
Temas
Enlaces
|
|
|